Salvar al salvavidas

La cultura nos salvó durante el confinamiento. Fue el salvavidas que se encontraba esperándonos en medio de la deriva, de un caos existencial donde parecía que todo iba a cambiar. Y ha cambiado, es cierto, pero esta área, con todas sus disciplinas, con sus trabajadores, sigue en pie
Ladislas Chachignot

Es muy difícil entender al ser humano. Su historia, su pasado, su forma de ser… Es complicado analizar a una persona, especialmente cuando tiene otras costumbres, otro modo de vida muy diferente al nuestro. Quizás eso es lo más llamativo de la cultura, su diversidad.

Una área de este calibre define a una sociedad, la moldea, la deforma hasta hacerla llegar a ser lo que es hoy día. No es lo mismo el sesgo cultural vigente en una comunidad como Cantabria que en un país de la talla de Estados Unidos. Las potencias, los estados, las nuevas tecnologías, todo influye a la hora de crear a una comunidad, a una sociedad con unos rasgos propios. Y quizás eso es lo más relevante de la cultura, que es única, y que crea seres humanos.

“La cultura es el salvavidas de la sociedad”

Entender a una persona es entender su cultura. ¿Qué le ha llevado a ser quién es? ¿Qué influencias ha tenido? ¿En qué entorno ha crecido? La vida no es la misma en Cantabria que en Andalucía, ni mucho menos en un país extranjero. Pero, ¿qué es la cultura?

La cultura es el salvavidas de la sociedad. Es su ancla perdida en el mar, donde los barcos paran en busca de refugio. Es paz y bienestar. Es crear, es disfrutar, es demostrar que las raíces tienen un sentido. La historia ha creado unas costumbres, un modo de vida que depende de lo aprendido. Eso es cultura: aprender a vivir.

Cada comunidad ha crecido en un entorno que la ha hecho ser quien es. Hay muchos factores que ayudan a definir a la cultura. Las disciplinas, los artistas, los referentes, la acogida social y las nuevas tecnologías. Esas nuevas formas de consumir cultura que han revolucionado el mundo.

“Cultura significa ser capaz de sentir”

Televisión, tablets, smartphones… Una película o una serie puede verse a través de cualquier dispositivo. Pero no solo eso. Cultura también es conocer el mundo, ver a través de la mirada de otros. Cultura es saber ver a través de la mirada o de un fotógrafo, es emocionarse, es vivir. La cultura es, en sí misma, un modo de vida. Es conocer otros ojos a través de un libro, de una canción. Cultura significa ser capaz de sentir.

No podemos ser seres humanos sin esas películas, esos libros, esos cuadros o esas personas que nos han ayudado a ser quienes somos. Incluso las calles, con su arquitectura, sus zonas artísticas son una representación de la cultura.

2020 no ha sido un año fácil para nadie. Las miradas se centran sobre los hosteleros. Pero, ¿qué pasa con los técnicos de cine? ¿Los guionistas? ¿Los escritores? ¿Las obras inacabadas por culpa de un virus que cada día se ha cobrado más y más vidas?

La cultura nos salvó durante el confinamiento. Fue el salvavidas que se encontraba esperándonos en medio de la deriva, de un caos existencial donde parecía que todo iba a cambiar. Y ha cambiado, es cierto, pero esta área, con todas sus disciplinas, con sus trabajadores, sigue en pie.

Los trabajadores de la cultura han visto cerrar teatros, salas de conciertos, editoriales, exposiciones. Las oportunidades han comenzado a escasear, y la fe en el futuro es prácticamente nula.

Cuando la vida paró ese 14 de marzo las televisiones se encendieron. Los balcones se llenaron de música, de aullidos de auxilio que buscaban entretenerse para sobrevivir: Las vidas robadas por la COVID-19 dejaron a miles de personas sin una parte de sí mismos. Sin ese familiar con el que reír, vivir. Sin una parte de su ser.

Y la cultura intentó hacer más ameno ese dolor. Que las pérdidas no doliesen tanto. Que la culpa, el desaliento y las víctimas pudiesen irse sabiendo que la cultura nos salvaría de caer en un poco tan profundo como el desconcierto que provocó la COVID-19.

Festivales de música online, recitales, lecturas de capítulos de libros, arte en directo… Ellos nos lo dieron todo para que pudiésemos sobrevivir. Nos dieron esas alas que un virus nos había quitado. Nos dieron sus alas.

“No sabemos salvar al salvavidas porque ni siquiera lo intentamos”

Pero ahora nos las hemos quedado. Somos un niño con su regalo, pensando que será eterno, que siempre estará para nosotros. Pero al realidad va mucho más allá. La cultura es eterna si la hacemos eterna, y para eso tenemos que cuidarla, mimarla, y apoyarla. Los colectivos están viendo cerrar sus negocios ante la falta de afluencia de personas que no cubren el aforo de las salas. Están agonizando por la falta de ayudas políticas. Y aunque muchos hayan intentado reafirmarse y reivindicar sus derechos, la sociedad no está cumpliendo con su parte. No sabemos salvar al salvavidas porque ni siquiera lo intentamos.

Quizás ahora es el momento de devolverles lo que nos ellos nos dieron. De volver a las salas de cine, a las exposiciones, a los museos. De volver a coger ese libro que quedó atrapado en una estantería, de apoyar a un autor, a un fotógrafo. De escuchar esa canción única. De darle una oportunidad a un nuevo grupo, sea de donde sea. De conocer nuevos estilos. De conocer y reconocer otras culturas. Y de conocernos a nosotros mismos en la cultura que creamos.

No es crear la cultura de la COVID-19. Ni mucho menos. Es reconocernos en las letras, en las melodías, en los trazos. Es sentirnos a nosotros mismos cuando suena esa canción. Pero la cultura no puede sobrevivir sin nosotros. Y nosotros no podemos vivir sin ellas. Ahora es el momento de recoger ese salvavidas a la deriva. De darle un sentido, un valor. De devolverle a la cultura todo lo que nos ha dado.

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